lunes, 10 de septiembre de 2007

El ojo arbitrario

El inspector Wallander


Kurt Wallander.
Ya no es joven, el inspector de policía de Ystad , sur de Suecia, cielos grises de Bergman, vientos fríos del demonio. Duerme poco Wallander: no puede con el abandono que le propinó hace ya mucho tiempo Linda, la mujer. No puede con una leve, solapada depresión que lo acompaña como perro fiel.

Está chupando demasiado , el inspector Wallander, que vive solo y escucha ópera a toda pastilla casi como un acto de piedad con él mismo.

Claro que Wallander es inteligente y honesto: no todos lo son en la comisaría de Ystad que es el mundo en pequeño, bien mirada. Por allí pasa de tanto en tanto el mal , en sus formas rabiosas y negras: tráfico de gente, de armas, de drogas, conjuras políticas criminales, odios que vuelven desde el pasado para sacudir vidas asentadas , prolijas.

El melancólico Wallander se pone en marcha. Organiza a su gente -mientras no deja de advertir que lo traicionan y le serruchan el piso- , busca huellas, recoge datos, deduce, piensa, y , si es necesario, se juega el cuerpo.

Al descubrir misterios apestosos, descubre también que no se vive en un lecho de rosas. No es que no lo supiera: lo confirma .

Wallander es la criatura del gran escritor Henning Mankell - Estocolmo, 1948 -, y “ trabaja” , digamos, en títulos como “Cortafuegos” y “El hombre sonriente.” Son varios más, pero así está bien, como aperitivo.
(Tusquets)


Mario.


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